domingo, 23 de mayo de 2010
Abandono de hogar
jueves, 21 de enero de 2010
Ya estoy viejo para tantas cosas
domingo, 10 de enero de 2010
Que suspendan clases por frío
domingo, 3 de enero de 2010
Sarcasmo pizcador
jueves, 31 de diciembre de 2009
Feliz año con patines y senderos
martes, 29 de diciembre de 2009
Santa y existencias
lunes, 28 de septiembre de 2009
El faro que nos fumamos
No hay faro
No lo busquen que no hay
Búsquenlo pues, pero no van a encontrar nada
Hace años que no había faro, sólo motos, arena, polvo
Que no hay faro
Desde hace años
Se convirtió en una lucha que de ganarse también está perdida
Décadas sin faro y ni nos dimos cuenta
No hay faro, no había faro
No más que una construcción abandonada
Los ejidatarios tampoco tienen: lo convirtieron en pick ups y casas elefantes del mal gusto
Para qué pelear contra los de siempre, ellos no tienen faro, nadie lo tiene
Y, sin embargo, insiste
el maldito del fantasma que solía ser el faro
en iluminarnos cada noche
a pesar de que insistimos en no verlo.
Pobrecitos los ejidatarios que no tienen faro
tan pobres los hoteleros que se van a quedar sin faro
Pero ya no lo hay: búsquenlo. No hay.
Hace años que lo borraron del mapa
aunque sigue en el mismo lugar.
Qué faro, en dónde
“Quién hace tanta bulla, y ni deja testar las islas que van quedando”
Cómo pueden dormir tranquilos esos señores que tan a gusto, como quien vende el patio que le sobra, se deshicieron de una parte fundamental de nuestra historia. Hace tiempo que el faro se perdió y, señores, los culpables tienen apellido: moralmente deberían estar devastados, sin embargo, guajolotean por todas partes con papadas multicolores mientras se sienten la aristrocracia cabeña. Qué vamos a pelear si lo vendimos.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Vampiro choyero
Vampiro choyero. He encontrado un documento valioso. No me pregunten cómo llegó a mí la grabación que a continuación transcribo. Según mis fuentes, los hechos sucedieron en la antigua (milenaria) esquina donde estaba el Pizza Hot, seguramente, fue un sábado por la noche y con unas ballenas medias escondidas. Es un testimonio de pocos segundos, pero impactantes:
"—Compita, como que hace mucho calor como para andar de gabardina y con botas,¿no?
Pero el compita no respondió.
—Además lo veo como muy agüitado, no cree que hace mucho calor para andar con tiricias?
Pero el compita ni se movía.
—De seguro has de escuchar de esa música ruidosa loca de puro ruido.
El compita, nada.
—Cortarte el pelo es lo que deberías de hacer, tanto calor que hace para andar con el greñero.
Y nada.
— Hasta ganas de invitarte un hot dog me están dando, se me hace que de lo pálido que andas ni puedes hablar. Compita, ¿no quiere un trago de la ballena?
Silencio.
Ruidos extraños.
Fin de la grabación."
Jamás volvimos a saber del mierda, nuestro entrañable amigo, sólo quedó esta absurda historia. Es probable que se trate de un insólito vampiro instalado en aquella memorable esquina que solía vivir de noche entre palomilla y ballenas, antes de que la policía nos corriera de todas partes. No soy nadie para decirlo, pero ése es mi centro histórico de San Lucas, y hasta historia de vampiro tiene.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Ciudad de calles para ratones
Ciudad de calles para ratones. En Cabo San Lucas vivimos apretados y ni nos damos cuenta. Nos apretamos en los pocos peseros viejos que existen, en la playa, en las calles. Somos una ciudad pequeña y vivimos encimados. Nadie ve que hay mucho monte todavía: las constructoras nos han encimado unos con otros, nos han echado a perder la comodidad de vivir en un lugar como éste a costa de acumular más dinero. Un día de estos se me va a bajar la presión por un berrinche, pero, simplemente, no puedo concebir cómo alguien permitió que los fraccionamientos vendieran casas en laberintos ratoneros, donde ni siquiera las calles tienen medida de adultos. Nos construyeron un mundo de enanos y se los compramos. En las calles de los fraccionamientos apenas cabe un carro, y son de doble sentido. El fraccionamiento Miramar es una jungla de concreto, lastima la vista ver tantas casas amontonadas. La gente trata de vivir bien, pinta sus casas, se plantan jardines, ponen cortinas bonitas, pero las construcciones son una ofensa. Los multifamiliares se han estado popularizando: insisto, qué no hay mucho monte como para vivir amontonados. Qué no seguimos siendo una ciudad pequeña para echarnos a perder la vida tan pronto.
No es que yo quiera tener un rancho, no nací ejidatario para que las cosas me caigan del cielo. Simplemente me gustaría defender un estilo de vida: vivir bien, en zonas agradables donde los niños puedan jugar es espacios verdes, donde las peleas no inicien con el vecino por un espacio para estacionar el carro y termine con los automovilistas que se pelean los apretados carriles. O hay que ser ricos o ejidatarios para tener un patio donde poner un mango y un limón. Sé que necesitamos casas, que cada vez somos más, y que la necesidad nos hace comprar un departamento en un multifamiliar a precio de una mansión en la playa. Pero no debería el gobierno defender parámetros en la construcción, parámetros que garanticen un nivel de vida óptimo para los habitantes. En un lugar donde las invasiones abundan, creo que es pedir demasiado. Imposible en un país donde las aguas negras se convierten en tsunamis que acaban con fraccionamientos completos. Lo que entristece es que a fuerza de ganar más dinero, y más dinero, las constructoras y los gobernantes no sólo están acabando con un modo de vivir, sino están deteriorando nuestro nivel de vida. Cómo no me voy a sentir estresado si las calles parecen para ratones y las casas pequeñas ratoneras. Pobre del vecino que se estacione en mi lugar, porque con él me voy a desquitar toda esta frustración.
Los lugares cambian. Cabo San Lucas sigue siendo un lugar agradable para vivir, pero por cuánto tiempo más.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Ya tenemos UABCS o el cereso les hubiera quedado mejor
Ya tenemos UABCS o el cereso les hubiera quedado mejor. Siempre, al primer berrinche decimos, “si Los Cabos tiene mucho dinero”. Lo decimos si no entendemos por qué hay muchas calles sin pavimentar, si los peseros son horribles, si no hay banquetas decentes, si uno no encuentra estacionamiento para ir a la playa o si no hay lugares públicos bonitos. Yo, no puedo dejar de decirlo cuando analizo la situación de la educación superior en Los Cabos, sobre todo, en Cabo San Lucas. En San Lucas, desde hace ya varios años vimos nacer las primeras universidades que, por supuesto, no eran públicas: El CUT y la UNIVER empezaron a aprovechar un buen mercado. Nadie se había interesado en abrir una universidad pública, para qué, si en San Lucas sólo se necesitaban meseros, camareras, cocineros, jardineros, albañiles, pescadores, veladores, y bailarinas exóticas con sus correspondientes chulos.
Después de un tiempo, los frustrados planes de un cereso tirarrostro (en el pleno centro de San Lucas) dieron paso a un maravilloso campus de la UABCS. Para mí fue una buena noticia saber que abrirían un campus. En vez de cárcel teníamos una universidad, orgullo de sudcalifornia al alcance de la mano. Sin embargo, las universidades populares seguían siendo las privadas. Actualmente, a varios años de distancia, el panorama sigue siendo el mismo. El campus no ha sabido adaptarse, ofrece cuatro limitadas carreras con las que no puede competir con las populares y fresitas de las privadas, porque éstas han sabido adaptarse y abrir carreras atractivas y prácticas para la sociedad San Luqueña. Aunque no generan un pensamiento crítico ni humanista que ayuden a sus alumnos a ser mejores personas, la realidad es que ofrecen carreras lo suficientemente prácticas como para que sus estudiantes se sientan útiles y orgullosos de sí mismos. Sin embargo, la UABCS sigue siendo una opción educativa a pesar de su pobre oferta que se limita a derecho, comercio exterior y, últimamente, turismo alternativo y lenguas modernas. El campus no ha podido generar vida universitaria, los alumnos se siguen sintiendo en la preparatoria, muchos ni conocen la biblioteca y sólo van al campus las cuatro horas y media que deben de estar ahí, y como no hay otra cosa qué hacer, se regresan a la calle. Las instalaciones, generalmente, se ven solas, sin vida universitaria y, por si fuera poco, tienen que lidiar con los maravillosos problemas que los sindicatos y rectoría tienen en la ciudad de La Paz.
Seguramente, el poco presupuesto destinado a los campus no les permite crecer. Pero me reclamo otra vez el berrinche: a pesar del dinero que genera el municipio, ¿no sería justo que contara con un campus atractivo y útil para la sociedad? Si las universidades privadas han sabido crecer, no veo por qué una universidad pública no podría hacerlo. Los Cabos no sólo podría ser un destino turístico, también podría ser un bonito municipio donde se genera vida universitaria. Desde fiestas a eventos académicos y deportivos. Recuerden que la universidad no sólo es un lugar para ir a tomar clases, una universidad genera conciencia y movimiento en la sociedad. Es una pena ver que el campus también está en huelga y que las universidades privadas siguen luciéndose con carreras generalmente mediocres y con mensualidades al nivel de Los Cabos: muy altas. Y sobre todo, han crecido gracias a la incapacidad de las autoridades por ofrecer a los cabeños mejores opciones. Odio ser el pesimista, pero las malas condiciones del campus de Los Cabos no sólo afectan a sus estudiantes, sino a toda una sociedad que sigue pensando en mandar lejos a sus hijos cuando llegue el momento de estudiar una carrera, o simplemente, que estudien la prepa y se pongan a trabajar.
Pero no me puedo quejar, ya tenemos universidad pública, aunque podría apostar un gemelo a que el cereso les hubiera quedado más bonito y mucho más eficiente. Aunque yo sigo sintiéndome como don beto, aquel el del comercial del niño que gritaba, don beto, don beto, ya tenemos carretera. Y don beto no podía contener las lágrimas, que escondió tras el viejo pretexto de la basurita en el ojo. Ya tenemos universidad, pero no se ven ni ganas de mejorar, y eso que San Lucas genera mucho dinero. Ya doy lástima.

lunes, 7 de septiembre de 2009
Yo, homosexuales, intolerantes y confesiones
Cómo podría alguien respetarme si saliera a la calle con mis botas, una tanga roja y un sombrero vaquero. Sería casi imposible que la gente no me volteara a ver o se riera enfrente de mí: bola de intolerantes que no son capaces de respetar mi gusto por caminar como vaquero en tanga. Vivimos en una sociedad donde reina un espíritu de similitud. Sé que yo soy diferente a los demás, sin embargo, somos similares, usamos más o menos el mismo patrón de conducta, vestimos parecido, utilizamos casi las mismas palabras y comemos lo mismo que todos. Incluyendo a hombres, mujeres, homosexuales y lo que resulte. El problema empieza cuando las personas se salen de esa supuesta normalidad y trasgreden la costumbre: yo caminando en tanga. Éste, me parece, es uno de los mayores problemas de los homosexuales y que han tenido que lidiar con una sociedad sin educación. Qué sé yo del movimiento gay: nada, me he quedado como un simple espectador y sin mucho afán por convertirme en activista. He podido ver, en las marchas gays que se han realizado, que más que buscar respeto y una postura ante la sociedad, se convierten en caricaturas de ellos mismos y se ubican como el centro de todas las burlas y de todos los dedos índices del público. El desfile parece ser su presentación y su posesión en la sociedad. Sin embargo, como lo he podido constatar lo último que ganan es respeto. Entiendo muy bien que el movimiento gay como tal necesita de ese carnavalesca presentación para ganar el preciado lugar en la sociedad y que con toda razón se merecen. De igual manera pasó con el movimiento femenino: las mujeres se ganaron su lugar luchando y manisfestándose, muchas de ellas tuvieron que adaptar actitudes masculinas para ganar terreno. Los homosexuales parecen haber adaptado, a su vez, una actitud provocativa. Lo que les debería de preocupar es que tal movimiento tiene como eje un desfile donde la mayoría del público asiste para burlarse de ellos. Difícilmente van a ganar respeto si se mantienen siendo el centro de atención de un público aún machista e intolerante que los cataloga como hombres pintadas. Por supuesto que hay muchos homosexuales que son magníficas personas, algunos de mis amigos son gays y puedo vivir tranquilamente con uno de ellos. La homosexualidad no está peleada con la calidad humana, para nada. Obviamente son personas como cualquier otra, incluso, está más lejano a mí alguien asexual que un homosexual. Lo que me preocupa es que muchos homosexuales están buscando respeto cuando ni siquiera se respetan a ellos mismos. El tema me preocupa, porque como muchos, me interesa crecer en una sociedad tolerante y educada. Mucho se dice que el gay no es libre hasta que no lo grita a los cuatro vientos, ser libre implica que hasta el vecino sepa que les gustan las personas de su mismo sexo. Entiendo que esa premisa le conviene al movimiento gay que busca acostumbrar a la sociedad con los gustos divergentes, pero, me pregunto: qué necesidad de hacer público algo tan personal. ¿Si a mí me gustan los hombres o las mujeres es algo que les deba de interesar al resto de las personas? Para mí es algo difícil de comprender. Me disgusta igual un hombre que sale a la calle con una mirada lasciva y acosadora contra las mujeres que un homosexual presumiendo de una lívido altamente flamable. Hablamos de reglas de convivencia que nada tienen que ver con preferencias sexuales. Si las personas buscan respeto, el primer paso parece ser respetarse a sí mismos, y por lo tanto, a los demás. Actualmente, el problema de la intolerancia hacia los homosexuales parece tener dos salidas: la homofobia que aún existe en nuestra ciudad y en el país, pero también, la actitud provocadora y ofensiva de muchos homosexuales.

domingo, 6 de septiembre de 2009
La nostalgia aún no tiene canas o el San Lucas con pelícanos

viernes, 4 de septiembre de 2009
Los topes me ponen cachondo

Los topes me ponen cachondo: Estoy seguro que quien planea los topes en Cabo San Lucas siente un placer morboso y patológico cuando pasa por ellos. Seguramente disfruta cuando el carro da un pequeño brinquito y el asiento lo hace vibrar como pocas cosas logran hacerlo. Intuyo esto porque no le encuentro otra explicación lógica a todos los topes. De por sí las calles no están muy buenas, se encuentran llenas de hoyos y con el pavimento tan viejo que ni siquiera se puede conducir rápido. Hay calles que se llenan de tráfico, donde se arman filas enormes de carros y todavía se atreven a poner topes. Topes y más topes. Si van a pavimentar una calle primero le ponen los topes y luego la pavimentan. Si no van a pavimentarla, de todos modos le ponen topes. Disculpen mis malos pensamientos, pero debe de haber alguien que disfruta deliciosamente ese brinquito. Seguramente, si no viene carro, hasta le ha de dar reversa para pasar de nuevo. Sólo por poner un ejemplo, la Leona Vicario o la Avenida Los cabos: en esas calles siempre hay mucho tráfico y es casi imposible conducir rápido. Pero a estos depravados sexuales no les importa, ponen topes. Los topes sirven en una sociedad de maleducados como la nuestra para bajar la velocidad de los conductores, pero no para hacer embotellamientos, y muchos topes sólo sirven para eso. Sé que muchos funcionan bien, pero es exagerado su utilización. Ni que las calles estuvieran tan buenas y las que están buenas les ponen topes. Es decir, no hay una sola calle libre de hoyos o de topes, en todas debe de haber un brinquito. Tal vez un día de esto yo también empiece a disfrutar de ese brinquito cachondo que da el carro. Digo, no hay tope que por bien no venga.
jueves, 3 de septiembre de 2009
El Buki me pone triste
El buki vive por la casa. Siempre lo veo afuera de donde creo que vive. Es un tipo flaco, con el pelo largo, barba de candado y mirada melancólica. Se para en la banqueta, se recarga en la pared y nomás se la pasa viendo pasar los carros. Ese pinche Buki pienso yo, otra vez esperando clientes. No sé si venda droga, si se prostituya, o si sólo disfruta estar de pie en la banqueta viendo pasar a la banda. Lo que es cierto, es que el Buki existe y se la lleva en el mismo lugarcito. Vive cerca del centro. Justo en la zona del centro donde ya no hay gringos ni turistas. Donde uno puede encontrar trasvestis dispuestos a todos, borrachos perpetuos y cholillos monaguillos al pendiente de su primer atraco. Mi teoría es que el Buki también es sanluqueño, de los de antes. Pero como se acostumbraba, apenas terminó la primaria y no se preocupa mucho por el futuro. Le digo el Buki porque además de la fachada, tiene como un aire melancólico mientras espera no sé qué cosa y, a veces, voltea a la cancha Juárez como buscando algo. Seguramente San Lucas le creció de golpe y todavía no se acostumbra.

miércoles, 2 de septiembre de 2009
La UABCS y mi tata
He llegado a la conclusión de que mi tata vio frustrada su capacidad de líder estudiantil universitario por una simple razón: sólo estudió hasta la primaria. Pero escucharlo hablar es una delicia que ya quisieran varios estudiantes frustrados: ponerse a trabajar es lo que deberían de hacer todo esa bola de güevones, no, ya me imagino, el rector de la universidad ha de tener los huevos hasta las rodillas de nomás estarse jalando. Una chinga le deberían de dar a todos esos cabrones que tienen cerrada universidad. Que se queden sin trabajo, verás que si no les van a dar ganas de levantarse temprano para irse a trabajar. A mí no me queda más que seguirle la corriente para hacerlo enojar más, ni los chistes voluntarios le salen tan bien. Tata, pero ellos están en su derecho, deje que se expresen. Mi tata se queda un ratito en silencio, pero como huracán categoría cuatro, lanza una racha furiosa de viento de hasta 290 km/hr: derecho mi verga ensangrentada qué, ni que se vieran tan bonitos pidiendo dinero sin trabajar. Tata no sea grosero, no se enoje. Cómo no me voy a enojar, si nomás de verte la cara de güevon me da más coraje todavía. Ándale, vete a jalarle la cresta al gallo tu también o ver qué chingados haces.
No queda más que disculparme por las rachas y las malas frases de mi tata, pero que sin duda, son un reflejo de la impresión que se genera alrededor de la uabcs y sus huelgas. Hasta los que no tienen nada que ver con la universidad les da coraje.

martes, 1 de septiembre de 2009
Jimena santa y perra desgraciada
Está a toda madre la lluvia, la brisita que dejan las olas en el ocho cascadas está memorable y el viento se ha lucido pero nada de cuidado. A uno que otro niño le ha de haber ocasionado un trauma irreparable haber dejado su casa para ir a vivir a una escuela catalogada como albergue. A todos los lugares que quieras, pero por favor, no a la escuela. De ahí en fuera, parece que Jimena se lució y se portó como la bella dama que seguramente es. Sin embargo, lo sé por experiencia, no faltará la autoridad que la hará pasar por una perra desgraciada y aprovechada que ocasionó daños millonarios en todo el estado, mientras las televisoras piden víveres para los sudcalifornianos en desgracia, nosotros nos tomamos una ballena en el Tule que presume un que otro tronquito arrastrado por el arroyo.
lunes, 31 de agosto de 2009
Al huracán Jimena se le hace agua la boca
Esperemos que nos vaya bien con Jimenita: a mí me encantan los huracanes, es un buen pretexto para ir desempolvando el chocolate abuelita, la lotería, ir afilando los lucidores chistes para pasar el apagón, oler la maravillosa atmósfera que deja la lluvia y ver pasar las nubes tan rápido como si el que se moviera fuera el planeta. Esperemos que no haya pérdidas que lamentar y que sólo sea un pretexto para tener agua y juntar a la familia que, por la falta de luz eléctrica, no les va a quedar de otra más que ponerse a platicar entre ellos. Por cierto, Jimena se escucha bien, empieza con J de Jonás, y la J siempre es peligrosa. O por lo menos muy habladora.

sábado, 29 de agosto de 2009
El Par Vial mágico

jueves, 19 de junio de 2008
Mejor me voy a pie
Mejor que hagan una consulta ciudadana y me pregunten a mí que si que prefiero (Por favor tome muy serio la encuesta): Por esto, ahí le va… Usted qué prefiere como transporte público:
1. Un taxi camioneta de ocho cilindros manejada por un chofer que se cree hijo de Bush, casi como si fuera werillo, con ojos azules y con una billetera desbordándose de dólares, y que, además, le hace mala cara a los mexicanitos que les toca llevar a esas colonias populares donde no conocen la buena propina… Es decir, con un chofer, que pese a su origen ranchero y patasaladiense, tiene tufos del Ku Klux Klan y mira a la mexicanada como Nazi a un judío.
2. Un taxi popular donde el chofer sea su cuate, le cuente chistes de Hugo Sánchez, tararee un canción de Paquita la del Barrio, que sepa alburear, es decir, con un chofer como usted y yo –aunque yo no tarareo a la paquita–, pero sobre todo, en un taxi que le cobren lo que un mendigo carrito de cuatro cilindros es capaz de gastar (creo que ni se nota la lana que me pasaron los de los taxis populares).
3. Un pesero con los últimos hits reggaetoneros del momentos, con todo y su luz azul de neón que provocan ambientes cachondos y bragueteros mientras usted se dirige, ya cansado de su chamba y de ver gringas, a su humilde casa. Todo esto, mientras en el pesero todos van amontonados, oliendo el sabroso perfume del humano después de nueve horas de trabajo, mientras a su mujer le cobran tarifa.
4. Aventársela caminando con el riesgo de ser atropellado por el primer morrito en honda civic que le luce su varonil motor a la morrita sueltoalaprimera que lleva a un lado. Caminando mientras su moral y su calidad como persona se ven disminuidas porque usted, al modo perdedor, va caminando. Pobretón y además, por pendejo, tanto dinero que hay en San Lucas para que ni le alcance pal pesero.
Agradecemos su participación y, tenga por seguro, que mandaremos los resultados a la autoridad competente (es decir, patrañas, no haremos nada). Viva la vida loca.
viernes, 25 de abril de 2008
Mi apapi es ejidatario

Me acaricio el bigote, lo repego a la nariz, termino de abotonarme la camisa, y salgo a la cochera. Le digo al chimu que suba la paca de alfalfa a la cadillac escalade blanca, porque la roja es la de mi esposa. Hoy es un día ocupado, debo ir al rancho, pasar con el contador a ver si ya cobró la renta de los locales de mi humilde plaza comercial que me construí para dejarles, por lo menos, algo a mis hijos. Después debo ir a ver a los choferes de mi taxi, ya tienen como 48 horas que no me reportan nada. Ya en la tarde descansaré, porque tampoco se trata de que uno se ande matando nomás por avaricioso. Pues he podido construirme un pequeño patrimonio gracias a mi trabajo y a estas manos que aquí como las ve usted, además de empinar ballenas, son muy buenas pa lo laborioso. No, nosotros éramos muy humildes, a puro trabajo. Después vendimos el faro, y pues pudimos comprarnos herramientas pa seguir trabajando, porque hay que saber que la venta de un terrenito no es la gran cosa. Después vendimos unas hectareacitas por ai cerca de la playa. Pero déjeme me empino un traguito de la ballena porque como que se me está secando la boca. Pues el dinero no es todo mi amigo, todo este que ve usted aquí ha sido a base de trabajo. Por ejemplo, el carrito ese que trai mija, se lo regalé después de la venta de unos terrenitos a unos gringos que querían dizque poner un hotel y no sé qué más fregaderas. Jamás tuve tanto dinero, preferí construir pues esta placita, permítame otro traguito. Como le decía, a puro esfuerzo del trabajo. Andan diciendo por ahí que vendimos puros terrenos que son de todos los mexicanos, pero mexicanos mis huevos, todos esos terrenos son del ejido, y nos los dieron a los ejidatarios pues pa que salieramos adelante. No, nosotros no hemos vendido nada ni a nadie, todo lo que semos ha sido por nuestro trabajo como dios manda. Las tierras nos las dieron a los ejidatarios pa que salieramos adelante y, pos, eso mesmo hemos hecho.